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Foto: Formación Gerencial
 
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Cuánto gana un influencer por crear contenido en Ecuador

Las celebridades digitales o influencers se han convertido en un nuevo método de publicidad, ya que gracias a su alcance en las masas logran llegar a sus audiencias a través de su contenido; motivan a los seguidores a usar productos, servicios o marcas que ellos recomiendan. Por eso, son pieza clave en las diversas estrategias de márquetin digital de las empresas.

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La dinámica monetaria del uso de las redes sociales sigue siendo un tema ambiguo, y cuánto gana un creador de contenido en Ecuador es una de las preguntas más frecuentes en la web. Por eso, Adriana Nehme, Emma Guerrero y Gilliam Mieles, influenciadoras en Instagram, YouTube y TikTok, responden algunas dudas al respecto.
El valor que cada una de ellas gana mensualmente por publicidad no es fijo, los precios pactados son orientativos y dependen de varios factores: desde el número de seguidores hasta la forma en la que se promociona un artículo; es decir que, a mayor posibilidad de receptores, más dinero cuesta un contrato con un influencer. Esto se debe al alcance.
Por ejemplo, si el usuario es reconocido en redes pero sus seguidores no llegan a los 10.000, no podrá tener tanto tráfico como otros influenciadores, ya que no podrá añadir un enlace a su story y los usuarios no lograrán visitar más rápido la página web del producto o marca que estaban recomendando.
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Para muestra, un botón (como reza el dicho): Adriana María Nehme Raad es una artista guayaquileña que ha hecho eco en las redes sociales gracias a sus videos y a su debut como actriz en Cuarenpenas, una serie web transmitida en YouTube y grabada solamente con un celular.
Su inicio se dio de forma imprevista, comenta, usando sus perfiles como cualquier usuario común. Pero su soltura para hablar sobre su orientación sexual y su divertida forma de ser cautivaron a más de 59.000 seguidores, que recoge solo en Instagram, lo que la convierte en una opción idónea para muchas empresas, ya que puede viralizar contenido mucho más rápido.
Las marcas locales fueron a su búsqueda antes de la pandemia, y en ese entonces Adriana desconocía sobre trabajar en conjunto con empresas. “La primera vez que trabajé fue con productos de belleza, pero no me pagaron”, recuerda. Sin embargo, con el paso del tiempo entendió que la rentabilidad siempre dependerá del contrato. Hay ocasiones en que las colaboraciones son anuales, y en otras oportunidades las campañas o promociones duran menos; así que no considera que trabajar con marcas sea lo suficiente para mantenerse. “Yo no podría vivir solo de la publicidad en redes, porque no es estable ni hay valores fijos”, asegura.

El ejemplo con Adriana en su forma de trabajar está en las historias destacadas, usando swipe up (desliza hacia arriba), que redirecciona al portal web de la marca; además de estrategias como challenge (retos), fijar hipervínculos en su biografía y el uso constante de hashtags (etiquetas).
Actualmente, Nehme colabora con marcas de alimentos y ropa. Además, trabaja junto con Unicef Ecuador en una iniciativa que promueve la salud mental en niños y jóvenes.
Por otro lado, están los influenciadores con más tiempo en redes y con más seguidores, que colaboran con marcas en mayor cantidad, como Emma Guerrero.
La forma en la que Guerrero conecta con su audiencia es con menos producción, comenta, y pretende que sus seguidores entiendan que el ser reconocida en redes no la convierte en un ser inalcanzable. “Quienes me siguen se identifican conmigo porque soy como soy, sin poses”, asegura.
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Con respecto a la rentabilidad de la publicidad en redes, ella explica que hace tres años no consideraba que se pudiera vivir de eso, pero con el paso del tiempo su respuesta es un rotundo sí: ve su perfil de Instagram, donde tiene 890.000 seguidores, como su propia empresa.
Las ganancias que estima con las colaboraciones son relativas para Emma y dependen mucho del alcance que tiene la persona más allá de los seguidores; lo que hace la diferencia es la retroalimentación, comentarios, “me gusta” y que compartan el contenido. Eso es lo que ven las empresas para pedirte que colabores con ellos, indica. “Tengo precios que van con el momento, como el caso de la pandemia, con las métricas, con mi alcance, idea creativa, presencia, edición, grabaciones y con lo que puedo mostrar sin engaños”, explica.
Sin embargo, Emma asegura que crear contenido y vivir de ello es solo un adicional a lo que puede mostrar, ya que además es actriz y empresaria. Gracias a la influencia ha logrado lanzar una marca de zapatos, con lo que aspira a sostener su economía además de las colaboraciones con otras marcas y servicios. Esto se debe a la saturación en redes por parte de los creadores de contenido.
“Sucede con TikTok: ahora hay cada vez más creadores de contenido y potenciales influencers que espectadores”, añade.
Y con respecto a los influenciadores emergentes, figura en el listado la manabita Gilliam Mieles, de 21 años, quien es actriz y creadora de contenido. Y es justamente gracias a sus proyectos que ha logrado sobresalir en las redes sociales, y poco a poco ha comenzado a trabajar con marcas y en proyectos más grandes que le generan ganancias.


Para ella, los comentarios y críticas en redes son algo nuevo, pese a que no ha tenido malos entendidos ni polémicas en el medio. Espera que su audiencia siga siendo relajada y respetuosa.
Mieles colaboró con un proyecto digital: Lo que esconde la playa, junto con jorgecampozano. La serie es una parodia de diez capítulos que mezcla recordadas producciones como Marimar, Mujeres de arena, Gata salvaje, Rubí y María del Mar.


El proceso por el que marcas locales comenzaron a buscarla para colaborar fue sencillo, y se ha dado paulatinamente con el crecimiento de sus seguidores y popularidad.
“Microempresas comenzaron a contactarme desde que hacía solo Instagram, pero solo intercambiando productos a cambio de mención. Pero no me sentía tan cómoda, porque me gusta solo hacer contenido y ya. Hasta que comencé a darle importancia también a mis videos y a darme cuenta de que, quiera o no, este era un trabajo y valía, que podía ayudarme, porque me he estado independizando de a poquito, y a medida que iba creciendo en visualizaciones o seguidores las marcas más grandes fueron apareciendo, vieron más fortaleza en mi página. Y he crecido más desde que me mudé a Guayaquil, definitivamente”, comenta.
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La rentabilidad, para ella que está comenzando, es un tema ambiguo, explica, ya que para vivir de las redes sociales se necesita inversión completa de tiempo. “Esto es un trabajo y las personas creen que no, por ello, desvalorizan los esfuerzos, pero no es tan fácil como se ve y no es completamente rentable, porque todo esto es efímero, incluyendo nuestra presencia en redes. Cuando los espectadores cambien de influencer favorito, las marcas también lo harán”, añade.
Las ganancias de Gigi, como se la conoce en redes, dependen de la marca con la que trabaje, de los precios que ella da por su trabajo, de su experiencia y métricas. “No tengo un valor fijo: no cobras lo mismo a un emprendimiento que es micro que a una macroempresa; los seguidores suben o bajan todos los días, las visualizaciones también pueden bajar mucho, y es acorde a ello que los influenciadores van poniendo el precio”, dice.
Las pautas que Mieles acata para promocionar un producto es que sea de calidad, que su consumo no perjudique a terceros y, sobre todo, que tenga alguna influencia en su vida para poder hablar desde su experiencia y la verdad.
Además, asegura que toda actividad realizada y negociada de la manera correcta, con esfuerzo y dedicación, es rentable. Nadie se hace millonario de la noche a la mañana, todo es un proceso; y aplica para las redes sociales. 
 

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